Una y otra vez, como un disco rayado, como un conjuro que no deja espacio para soñar algo distinto: —Tu papá no sirve para nada. —No te quiso. —No está aquí. —No le importa si comes o no.
No basta con que el padre haya estado presente; si no afirmó, no guió o no expresó orgullo, su función quedó incompleta. Esa ausencia simbólica deja huellas invisibles pero poderosas en la adultez: dificultad con la autoridad, necesidad constante de validación, perfeccionismo, mie