Aunque en apariencia todo esté en orden, muchas personas sienten un vacío profundo, una voz interna que dice: “No soy suficiente”. Esta herida muchas veces proviene de la ausencia del padre —ya sea física o emocional.
No basta con que el padre haya estado presente; si no afirmó, no guió o no expresó orgullo, su función quedó incompleta. Esa ausencia simbólica deja huellas invisibles pero poderosas en la adultez: dificultad con la autoridad, necesidad constante de validación,