top of page

El origen sagrado del amor propio

Desde muy pequeñas, muchas aprendimos a ganarnos el amor: siendo buenas, calladas, complacientes, “perfectas”. Nos enseñaron que el amor era algo que teníamos que merecer. Y así fuimos creciendo… buscando afuera la aprobación que no encontrábamos dentro.



Pero hay una verdad más profunda, más poderosa, más antigua que cualquier herida:

el amor que necesitas para amarte a ti misma ya habita en ti, porque fue puesto ahí por el Amor Grande, el amor que te creó…


Ese amor no depende de lo que hagas ni de cómo luzcas. No se gana ni se pierde. Es la chispa divina con la que fuiste creada. Es tu derecho de nacimiento.


¿Por qué olvidamos este amor?

Lo olvidamos porque el mundo nos enseñó a mirar hacia afuera. Nos dijeron que ser valiosas era tener cierta imagen, lograr ciertos éxitos, cumplir ciertos roles.


Y poco a poco, ese amor natural hacia nosotras mismas fue desplazado por la autoexigencia, la crítica, la culpa y la vergüenza.


Nos alejamos de nosotras, y con ello, del amor que Dios sembró en nuestro corazón.


Una verdad que libera

Pero ese amor nunca desapareció. No importa cuántas veces hayas fallado, cuántas máscaras hayas usado o cuántas heridas cargues:


El amor de la divinidad por ti, y el amor que puso en ti para ti misma, permanece intacto.

Ese amor es el fuego sagrado que sostiene tu vida.


Es lo que te permite levantarte, sanar, elegirte y amarte por siempre incondicionalmente solo por ser tú y tenerte a ti.


Es lo que hace que, incluso en tus momentos más oscuros, una parte de ti siempre haya querido volver a casa.


Amarnos es una forma de honrar lo divino

Amarte a ti misma no es egoísmo.

Es un acto de devoción.

Es reconocer que tu existencia es sagrada.

Es decirle al Gran Amor: Honro lo que hiciste al crearme. No voy a despreciarme más.

Cuando te miras con compasión, te estás viendo con los ojos del Creador.

Cuando te abrazas en tu vulnerabilidad, estás orando sin palabras.


Reflexión:

Toma un momento para cerrar los ojos y repetir en voz baja:

El amor que necesito para amarme a mí misma ya vive en mí.

Fue puesto ahí por Dios, por la Vida, por la Fuente que me creó.

No tengo que buscarlo. Solo recordarlo. Solo permitirlo.

Siente cómo esa verdad se instala suavemente en tu corazón.

Una nueva forma de vivir

Vivir desde esta verdad transforma todo.

Ya no haces las cosas para demostrar tu valor, sino para expresarlo.

Ya no te apegas a quien no te elige, porque tú ya te has elegido.

Ya no te castigas por tus errores, porque sabes que tu valor no se mide por ellos.

Este es el inicio de una vida con propósito:

Una vida que nace del amor, no de la carencia.

Una vida que honra la divinidad que te habita.


Mensaje final

El amor propio no es algo que creas tú sola.

Es algo que despiertas, porque siempre ha estado ahí.

No fuiste hecha para odiarte.

El amor propio es un don divino que nadie puede quitarte.

Fuiste creada para amarte con la misma ternura con la que la

divinidad te soñó.

Gracias por caminar este proceso.

Gracias por atreverte a recordarte.

El mundo necesita más mujeres que se aman desde el alma.

Gracias por ser una de ellas.

Comentarios


bottom of page